- Iglesia Cristiana Integral Los del Camino

- 5 jun 2020
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Actualizado: 11 jun 2020
Por una razón aún desconocida y quizás jamás concluida, debemos compartir este hogar llamado Planeta Tierra con un indeseable invasor, convivimos con el novel y no menos letal virus COVID 19, cuyo poder devastador ha generado una emergencia sanitaria de dimensiones épicas aun cuando millones de seres acémilos continúan restándole protagonismo al microscópico asesino, en virtud de los, según ellos, bajos porcentajes de muertes e infectados comparativamente al sí muy representativo número de habitantes del globo terráqueo. ¿Cuál es la cifra que estadísticamente ha de convencernos de la letalidad del virus? 300 millones de fallecidos en el mundo hasta la década de los 80 a causa de la Viruela; 200 millones de muertos por el virus del Sarampión; 75 millones de decesos por cuenta de la bacteria que generó la Peste Negra; 70 millones por Gripa Española; 35 millones de VIH. Estas son estadísticas abrumadoras dentro de la historia de la humanidad, esto sin hablar de genocidios, desapariciones forzadas, terrorismo e interminables guerras raciales por política, ambición o incontrolable deseo de poder y como si fuera poco, las víctimas que a diario aporta la violencia intrafamiliar, delincuencia común, la miseria y el hambre en el mundo. La manifestación explícita de JESUCRISTO al respecto quedó registrada en el Evangelio de Lucas 17:26 “Tal como sucedió en tiempos de Noé, así también será cuando venga el HIJO del Hombre”. ¿Pero a que se refería nuestro SALVADOR con aquélla sentencia? Sin duda es Su expresión de dolor frente a la maldad, corrupción, violencia y perversión que relata el Génesis a lo largo del capítulo 6, panorama tan desolador como el que hoy vivimos por la ausencia, carencia, distorsión y malformación de principios éticos, sociales, morales y espirituales. No se mal interprete, el Covid 19 no es un diluvio postmoderno, no fue creado por DIOS y seguramente este virus no estuvo dentro de Su plan celestial, aunque sí dentro de su omnisciencia, razón por la cual la humanidad en pleno fue confinada, enviada a encontrar refugio frente a la muerte, en el interior de sus hogares y bajo la protección de sus familias. Extraordinaria respuesta del SEÑOR en medio de la inmanejable contingencia, pero la respuesta de los seres humanos fue nuevamente adversa. Muy pocos aceptamos con gratitud, alegría, fe y en amor, la grandiosa oportunidad de reencontrar a los seres amados en la calidez del hogar, de buscar y sosegar nuestro abatido ser allí mismo y de compartir ese espacio físico, emocional y espiritual con nuestro glorioso DIOS TRINO. Sacaron a DIOS Padre de todos los planes de prevención y cuidado dentro de la pandemia, excluyeron la poderosa protección de DIOS Hijo, y negaron la permanencia en el corazón de DIOS Espíritu. Así se incrementó la idolatría hacia las banalidades, los líderes religiosos, amuletos, supercherías y todo aquello que logre llenar la oceánica oquedad de la estupidez e indolencia humanas.
Hoy enfrentamos un “saison en enfer” postmoderno, sí nuestro propio y lamentable periodo de dificultad, aflicción aun mayor cuando personajes sui generis se levantan en medio de la fatalidad como modernos, vacuos e ignominiosos leviatanes: Presidentes de naciones con altísimos niveles de contagio y víctimas mortales, afirmando que esto no es más que “gripita”; Mal llamados pastores cristianos haciendo negocio online al exigir diezmos en momentos que su feligresía no tiene actividad laboral ni como alimentar sus familias, como muchos de ellos le dicen a quienes necesitados acuden a consejería “no pidan al hombre, oren”, señores les llegó el momento de practicar lo predicado; Fiestas multitudinarias de centenares de personas en la playa sin protección alguna, en respuesta a la falsa sensación de encierro y la incomodidad que manifiestan por compartir tanto tiempo y espacio con sus cónyuges, padres e hijos; Citaciones religiosas a marchas colectivas para erradicar al maligno y su virus de las calles a través de la oración, eso sí, previo depósito de la ofrenda para que surta efecto su rezo, NO la oración; Altos prelados de intenso púrpura dando su aval a la apertura de iglesias para que la idolatría por su líder libere al mundo de tan peligroso virus y mantener así su efímero templo en pie, mismos que nunca jamás podrán reconstruirse al tercer día; Ególatras y reconocidos personajes de la “farsándula” mostrando al mundo sus comodidades, lujos y bienes para así dar consuelo al pobre y hambriento espectador; Mandatarios locales y regionales de farra colectiva con recursos y funcionarios municipales, como siempre detectados pero nunca sancionados; Apertura de burdeles y bailaderos clandestinos en casas de familia, seguramente en razón de que así es como ellos ven y estiman sus respectivos hogares; Concurrencia masiva a Moteles para sostener aventurillas sexuales, toda vez que parece se extraña más al amante de turno que incluso el bienestar físico personal y el de los seres queridos; Obvio no cesan las eternas guerras territoriales, raciales y por poder, un carnicero pulso político entre naciones que no se detiene; Demenciales asesinos ganando espacio con el terrorismo, destrucción, violación y secuestro, hoy erguidos, en pie y sonrientes como el más putrefacto y asqueroso monumento a la impunidad amparada por el Estado; Mafiosos sin gobierno y gobernantes mafiosos que a diario reinventan con mucho éxito su modus operandi, haciendo de la pandemia el nuevo campo de acción y un arma que facilita su anarquía y dictadura; Hambre, violencia en las casas, brutalidad, intolerancia, ataques sexuales, incremento de feminicidios, maltrato a menores de edad, desprotección a los ancianos; y para cerrar con broche de oro, corrupción y robo de los recursos económicos obtenidos con el esfuerzo colectivo. Efectos colaterales de un virus que pudo ser vencido con corresponsabilidad y sano aislamiento transitorio en familia, dentro del hogar que millones vieron como una insufrible celda, como la más agobiante prisión eligiendo a cambio el desenfreno del mundo que les otorga muerte física y espiritual perpetuas. Todo debe ser reactivado, perfecto pero. . . ¿por qué negarle al Creador que se haga cargo de Su creación?
Afirmar que el virus está en las calles, la epidemia en el corazón humano y la pandemia al interior de los hogares, es la única forma de explicar que se margine de la salvación personal al único gestor de la misma. Covid 19, asesino en serie de rápido y silencioso actuar, pero ni este virus, ni la pandemia familiar, ni nada parecido, igual o peor, está por encima del poder y amor de DIOS. Todo está en control para quien obedece Su palabra y con sensatez la cumple: “Podrán caer mil a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectara”, promesa del SEÑOR para sus valientes seguidores. Para evitar el daño colateral del virus al hogar, hagamos del corazón personal una catedral en dónde solo Jesucristo deba habitar.
